No te confundas: la mejor vacuna somos nosotros

No te confundas: la mejor vacuna somos nosotros

A pocos días de haber comenzado las primeras vacunaciones a nivel mundial pero con la amenaza de posibles repuntes post navideños, hablamos con una enfermera de UCI que nos recuerda que “la mejor vacuna somos nosotros mismos”. Así es la visión de Fátima Trinidad, esta enfermera madrileña que después de haber vivido la mayor de las crudezas desde la primera línea, ha escrito un libro para que no olvidemos.

A Fátima se le tuerce el gesto cuando recuerda el día que fue con su madre a un centro de salud y un chico joven, con pcr positiva, apareció allí sin mascarilla. “¡Sin-mas-ca-rilla!”, recalca enfatizando cada sílaba.

Su madre, enferma del Alzhéimer desde hace años, forma parte de uno de los grupos de riesgo que ya todos conocemos, de ahí parte de la frustración de esta enfermera de UCI que lleva ya 10 meses en primera línea de la pandemia.

Vivir rodeada con la muerte, las despedidas en soledad y el sufrimiento no fueron fáciles y esta enfermera, como tantas otras, necesitaba una vía de escape. En su caso la encontró en la escritura -incluso ha editado un libro– que pronto se convirtió en un volcán en el que descargaba todo un torrente de emociones diarias.

“Nunca” van a “abandonar a los ciudadanos, jamás”. No lo han hecho “en los peores momentos” y tampoco lo van a hacer ahora

A pesar de que la llegada de la vacuna está a la vuelta de la esquina, para ella nosotros mismos “somos nuestra mejor vacuna”. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos necesitamos ser responsables porque de esta “solo podemos salir juntos”, añade.

A toda esa gente -dice-  que tiene dudas de que la situación sea real, Fátima dedica uno de los relatos de su libro La última mirada, porque lo que han visto y vivido quienes como ella luchan activamente contra el coronavirus no pueden permitir esta “estupidez y necedad humana”, como dicen las líneas de uno de sus relatos.

Si ellos no te abandonan ¿por qué no cumples las normas?

Durante el confinamiento, Fátima se fue a vivir a un hotel para proteger a su familia. “No quería poner en riesgo a las personas más vulnerables”, nos cuenta. Pero durante todos estos meses ha seguido yendo a la UCI del hospital de Getafe cada día y exponiéndose al virus, porque es su trabajo. Y solo puede hacerlo extremando al máximo las precauciones, “no queda otra”.

Por eso pide -como otros tantos profesionales de la sanidad lo han hecho ya públicamente- responsabilidad a la población porque “solo podemos salir de esta juntos”, y lo que se está pidiendo “no es tanto”. Se refiere a las famosas 6 M, a la responsabilidad individual para beneficio del grupo, esas medidas que hemos visto que se relajan a la mínima.

Vivir rodeada con la muerte, las despedidas en soledad y el sufrimiento no fueron fáciles

Contundente, afirma que “nunca” van a “abandonar a los ciudadanos, jamás”. No lo han hecho “en los peores momentos” y tampoco lo van a hacer ahora, pero en cierta manera esperan una respuesta de ellos en forma de actos; los aplausos ya los tuvieron.

Y recuerda que la gente sigue enfermando, “sigue teniendo infartos e ictus” y también hay que cuidarlos.

Empezó a escribir por toda la dureza que estaba viendo

En situaciones de estrés cada uno busca su vía de escape como puede. Para Fátima Trinidad su desahogo fue la escritura. Empezó a escribir después de un “turno raro” -de hecho el relato se llama Turnos raros- y ya “necesitaba escribir” porque lo que estaba viviendo era demasiado duro. Ese día se le murieron 3 pacientes, era la peor época, en pleno mes de marzo.  Le dio la mano a una de las pacientes y le dijo que todo iba “a salir bien”. A Fátima le tiembla la voz al contarnos que siente que falló a su paciente; porque no, no salió bien.

Un chico joven, con pcr positiva, apareció en el Centro de Salud sin mascarilla

Como Fátima, la enfermería española -y la sanidad en general- ha visto y vivido cosas que preferiría no haber visto y eso, a la larga, pasa factura. Se estima que el 79,5% de los sanitarios han sufrido ansiedad y el 40% se ha sentido emocionalmente agotado tras la primera ola. Ella misma ha tenido que recibir asistencia psicológica porque, como dice, “es muy duro despedir a una persona y que su familia no esté presente”.

A pesar de todo lo que han pasado -y lo que siguen pasando-  defienden los cuidados a capa y espada porque, como dice Fátima, jamás dejarán al paciente. Eso sí, sigue insistiendo en que aunque la vacuna ya ha llegado no debemos bajar la guardia porque la mejor vacuna, insiste, seguimos siendo somos nosotros mismos.

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