“Sentí que me necesitaban”: jubiladas se reincorporan para luchar contra el COVID19

Después de cuatro décadas de profesión, Luci Cañal y Marisa Vega pensaban que habían colgado el pijama blanco para siempre. Pero llegó el coronavirus y se necesitaban manos expertas, así que tomaron la valiente decisión de ponerse el uniforme y volver al Hospital.

Las protagonistas de esta historia han trabajado en el Hospital de la Esperanza de Barcelona durante gran parte de su vida. Luci, enfermera de quirófano, llevaba un año y medio prejubilada, mientras que Marisa hacía tan sólo veinte días que se había alejado de la atención a pacientes con patologías respiratorias.  Aproximadamente dos semanas después de decretado el Estado de alarma, ambas recibieron una llamada proponiéndoles la reincorporación al trabajo y no lo dudaron, la respuesta fue un “sí” inmediato.

«Soy enfermera de vocación, me necesitaban y vi que podía hacer algo por los pacientes»

“Yo soy enfermera de vocación, me necesitaban y vi que podía hacer algo por los pacientes. Sé de la competencia de mis compañeros, pero pensé en lo estresados y agobiados que debían ir” afirma con rotundidad Luci y remata asegurando que sus antiguos colegas “sabían que yo iba a estar allí”. La veterana reconoce que en un principio temía haber “perdido técnica” pero que esperaba encontrar “mucha gente joven trabajando conmigo, a la que yo podría ayudar bastante con mi experiencia”.  Ayuda que iba en ambos sentidos, asegura Luci, ya que cuando encontraba alguna dificultad “todos entendían que yo llevaba tiempo alejada del hospital y me echaban una mano con mucha paciencia”.

Compañerismo y apoyo generacional

En ese aspecto, la enfermera recuerda con especial cariño la relación con los estudiantes de último curso de enfermería que se incorporaron a la asistencia. “Les faltaba experiencia, pero tenían muchas ganas y no les veías ni gota de miedo” asegura. Además alaba el trato que le dieron, consultándole sobre lo que ella dominaba, a la vez que intentaban evitar que se expusiera al virus. “Eran conscientes de que tenía la edad de sus madres y que corría más riesgo que ellas” explica.  Marisa, por su parte, también trabajó al lado de estudiantes y recalca que pese a su inexperiencia, “hoy en día salen de la universidad muy preparados, y nos dan mil vueltas a cómo salíamos nosotros”.

Aprender de lo vivido

Pese a sus años en la profesión, Marisa considera que nunca ha vivido una experiencia como esta, al igual que Luci, que acepta que “no estábamos preparados para esto y tuvimos que ir haciendo según íbamos viendo”. La profesional reivindica que se debe aprender de lo ocurrido, estar preparados  y evitar que sucedan cosas como la falta de acceso a material de protección. “Cuando yo me incorporé había de todo, pero vi a mucha gente estresada por este tema. Debemos tener más previsión, no puede ser que le falte material a una enfermera, a una persona que se arriesga” sentencia.

Otra lección que destaca es la importancia de que el paciente tenga conexión con el exterior, reivindicando que no se presuponga que todos disponen de la tecnología y capacidad para hacer videollamadas. “Luego lo teníamos muy bien solucionado y pasaba una persona con una Tablet, pero al principio tuve que echar mano de mi teléfono” explica la enfermera. Destaca que al tener contacto con sus seres queridos, los pacientes estaban “más tranquilos” y recuerda que “no todo mundo funciona igual, no todos entienden porqué están allí y no les puede visitar su familia”.

Volver al hospital

A la hora de reincorporarse, las enfermeras tuvieron en cuenta cómo afectaría esto a su hogar. “Mi hijo, que también es sanitario, me decía que me quedara en casa porque en primera línea ya estaba él. Mi marido es muy aprensivo y tampoco quería que fuera” explica Marisa, que se apresura a aclarar que pese a las reticencias iniciales la apoyaron.  Lo mismo ocurrió con Luci, que se animó a la reincorporación porque en ese momento no estaba conviviendo con su madre nonagenaria. “A mi me preocupaba poner en riesgo a alguno de los míos, cosa que no quería de ninguna manera” afirma.

Otro factor a tener en cuenta es la dureza del trabajo, por otro lado inherente a la  profesión. En ese aspecto Luci destaca la dificultad de volver al ritmo de los turnos de enfermería. “He de confesar que a nivel físico se me hizo muy duro eso de trabajar noche sí y noche no. Yo ya había recuperado el hábito del sueño y las doce horas seguidas, se me hacían larguísimas” explica.

«Yo ya me veía cuidando tomates y gallinas, y mira por dónde, he vuelto a ser enfermera»

Sobre su regreso al ruedo profesional Luci comenta con humor: “yo ya me veía cuidando tomates y gallinas, y mira por dónde, he vuelto a ser enfermera”. Una experiencia de la que no se arrepienten y por la que ambas pueden sentirse muy orgullosas.

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