La fuerza de la enfermería

No viene mal aprovechar que la OMS ha declarado 2020 como el Año Internacional de la Enfermera, para hacer una serie de reflexiones sobre este colectivo y su enorme importancia en todos los ámbitos de la sanidad.

Estoy seguro de que otros glosarán en lo mucho que vale, la enorme labor de la enfermería en la lucha contra el Covid-19 que tanto esfuerzo, sufrimiento y hasta vidas les está costando. Por mi parte, creo que lo mejor que puedo aportar es mi experiencia personal sobre el extraordinario papel que jugó en sus orígenes y, por supuesto, sigue jugando la enfermería en la oficina central de la Organización Nacional de Trasplantes. No hablo de su papel fundamental en la coordinación y los equipos de trasplante de los hospitales, que merecería capítulo aparte.

Enfermeras en la ONT

Los comienzos de la ONT fueron de todo menos fáciles. Con solo 2 auxiliares administrativas y 6 enfermeras, sin ningún médico aparte de mí, era necesario que esta plantilla, exigua en cantidad fuese cualitativamente del más alto nivel. No era sencillo porque en 1989 el proyecto de la ONT era apenas nada y hacía falta mucha fe para embarcarse en el mismo.

El entusiasmo que entonces solo yo mostraba por el proyecto, debió ser contagioso porque solo así puede explicarse el calibre de las enfermeras que aceptaron venirse conmigo a la ONT. Responsables de la unidad de diálisis, de la hospitalización de nefrología, de la unidad de intensivos, o enfermeras con las que había trabajado en el programa de diálisis en casa o en la planta de enfermos ingresados. De las mejores que se podían encontrar en el Hospital Ramón y Cajal, y para mí las mejores profesionales con las que he trabajado jamás.

Todas aceptaron con entusiasmo la idea, una de ellas sigue en la ONT 30 años después y otras finalizaron allí su vida laboral, asimilando y formando a las nuevas generaciones que se fueron incorporando y constituyendo siempre el alma de la ONT, su ADN. Sin ellas (las iniciales fueron todas mujeres) nada habría sido posible.

Ellas articularon todos los protocolos que hoy día constituyen el perfecto entramado de la ONT. Antes de contar con médicos o informáticos, establecieron los mecanismos de recogida y elaboración de datos, y sentaron las bases para que los trasplantes fueran uno de los pocos sectores de nuestra sanidad en los que todo está medido y cuantificado: la única forma de tomar decisiones fiables.

Sin la enfermería nada es posible en la sanidad. Nunca lo reconoceremos lo suficiente.

Muchísimo antes de disponer de una experta en comunicación, ellas dieron soporte a la relación con los periodistas con los positivos resultados que pueden valorarse en las hemerotecas. Han dado formación a miles de profesionales sanitarios por toda España, tanto de medicina como de enfermería… Sin ellas y quienes les han sucedido (con un porcentaje femenino histórico aproximado de un 80%), nada hubiera sido como es hoy y probablemente no habríamos llegado ni de lejos a las cotas alcanzadas.

A veces hay que solemnizar lo obvio: sin la enfermería nada es posible en la sanidad. Nunca lo reconoceremos lo suficiente. Valga, al menos, este pequeño homenaje.

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