Diez pautas para evitar sustos ante las altas temperaturas

Diez pautas para evitar sustos ante las altas temperaturas

ola de calor
Las altas temperaturas también matan. El calor excesivo puede alterar nuestras funciones vitales cuando el organismo es incapaz de compensar las variaciones de temperatura corporal. Alteraciones como calambres, deshidratación, insolación y golpe de calor. Un golpe de calor que puede generar problemas multiorgánicos con síntomas tales como inestabilidad en la marcha, convulsiones e, incluso, el coma.

La asociación entre altas temperaturas e incrementos en la morbimortalidad es muy robusta, numerosos estudios epidemiológicos muestran un aumento significativo de la mortalidad por encima de un determinado umbral térmico, y se ha demostrado que las temperaturas extremadamente altas inciden directamente sobre la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

Los efectos del calentamiento global van haciéndose notar en datos que van más allá de la estadística meteorológica. Según indica la revista científica The Lancet, los impactos negativos sobre la salud por el actual cambio climático empeoran. Uno de los datos más claros es el aumento de muertes por causas que se pueden relacionar con las olas de calor.

Uno de los indicadores que ha mostrado un drástico empeoramiento es el que se relaciona con las altas temperaturas y las olas de calor cada vez más peligrosas. De acuerdo con el informe de The Lanceten el que participaron alrededor de 120 científicos, en los últimos 20 años el aumento de mortalidad relacionado con el calor excesivo en personas mayores de 65 años ha aumentado un 53,7 %. Sólo en 2018 el número de personas fallecidas como causa del calor excesivo alcanzó las 296.000. Si bien en continentes como África o sectores de Asia, ese tipo de seguimiento es más complejo, la mayor cantidad de muertes se dieron en Japón, el este de China, el norte de la India y Europa central. Para ponerlo en contexto, el número de muertes asociadas al calor sólo en 2018 representa el 20 % de las muertes producidas por COVID-19 en 2020.

Niveles de riesgo

La asignación de los niveles de riesgo se realiza utilizando los siguientes criterios:

Recomendaciones

Para minimizar los daños, se insiste en un decálogo de recomendaciones generales:

  1. Bebe agua y líquidos con frecuencia, aunque no sienta sed y con independencia de la actividad física que realice.
  2. Evita las bebidas con cafeína, alcohol o muy azucaradas, ya que pueden favorecer la deshidratación.
  3. Prestar especial atención a: bebés y niños y niñas, embarazadas o madres lactantes, así como personas mayores.
  4. Permanece en lugares frescos, a la sombra o climatizados, y refréscate cada vez que lo necesite.
  5. Procura reducir la actividad física y evitar realizar deportes al aire libre en las horas centrales del día.
  6. Usa ropa ligera, holgada y que deje transpirar.
  7. Nunca dejes ninguna persona en un vehículo estacionado y cerrado.
  8. Consulta a tu profesional sanitario ante síntomas que se prolonguen más de una hora y que puedan estar relacionados con las altas temperaturas.
  9. Mantén tus medicinas en un lugar fresco.
  10. Haz comidas ligeras que ayuden a reponer las sales perdidas por el sudor (ensaladas, frutas, verduras, zumos, etc.)

Los más sensibles

El impacto de la exposición al calor excesivo está influido por el envejecimiento fisiológico y las enfermedades subyacentes. Normalmente un individuo sano tolera una variación de su temperatura interna de aproximadamente 3°C sin que sus condiciones físicas y mentales se alteren de forma importante. A partir de 37°C se produce una reacción fisiológica de defensa.

Las personas mayores y los menores son más sensibles a estos cambios de temperatura. Los primeros tienen reducida la sensación de calor y por lo tanto la capacidad de protegerse, existiendo un paralelismo entre la disminución de la percepción de sed y la percepción del calor, especialmente cuando sufren enfermedades neurodegenerativas. A ello se suma la termólisis reducida del anciano (numerosas glándulas sudoríparas están fibrosadas y la capacidad de vasodilatación capilar disminuida). La capacidad de termólisis menor ocurre también en la diabetes y las enfermedades neurodegenerativas.

En la infancia se dan unas características fisiológicas específicas, en su mayoría relacionadas con la composición del agua corporal, el patrón de sudor y la producción de calor metabólico, que ponen a los niños en desventaja termorreguladora en comparación con los adultos, sobre todo cuando hacen ejercicio o están muy activos físicamente en ambientes calientes o húmedos.

Por otro lado, los menores -e incluso hasta la adolescencia- no pueden o no toman las medidas necesarias para prevenir o reponer la pérdida de líquidos, y se exponen hasta la extenuación al sol directo si no son supervisados por un adulto. Los menores con sobrepeso o que visten con demasiada ropa, sobre todo si no transpira, son también más susceptibles. También son especialmente sensibles menores con patologías cronicas.

Marginación

Desde un punto de vista social, la marginación, el aislamiento, la dependencia, la discapacidad, las condiciones de habitabilidad de las personas con menos recursos, añaden factores de riesgo que hacen aún más vulnerables a estos colectivos.

Olas de calor

Aunque ya tuvimos algunas olas de calor en 1991 y 1995, no se empezó a tomar conciencia hasta el 2003, cuando a principios de agosto acabamos con una mortalidad en España de 6.660 muertes atribuibles al calor. A fin de evitar episodios como los ocurridos durante ese año, en 2004 se inició el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas Sobre la Salud, cuyo objetivo es reducir el impacto sobre la salud de la población como consecuencia del exceso de temperatura.

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