Cuida tu corazón, cuida tu vida

Cuida tu corazón, cuida tu vida

El 29 de septiembre se celebra en todo el mundo el día mundial del corazón. Un momento para sensibilizar a la ciudadanía de que prevenir una enfermedad cardiovascular es prevenir la principal causa de muerte en todo el planeta. No en vano, sufren la enfermedad cardiovascular 520 millones de personas en el mundo.

Aunque las enfermedades cardiovasculares suelen desarrollarse en la edad adulta, los factores de riesgo cardiovascular empiezan a estar presentes en la infancia. Por eso es tan importante la modificación de los factores de riesgo (obesidad, sedentarismo, colesterol elevado, hipertensión arterial y/o tabaquismo) realizando cambios en el estilo de vida y siguiendo hábitos de vida saludables (dieta cardiosaludable, práctica de ejercicio de manera regular y el abandono del tabaco). Esto permitirá reducir los episodios cardiovasculares y la muerte prematura tanto en las personas con enfermedad cardiovascular establecida como en aquellas con alto riesgo cardiovascular debido a uno o más factores de riesgo.

Enfermería, clave

Enfermería trabaja desde muchas de sus áreas de trabajo para conseguir este objetivo. Desde la enfermera de Atención Primaria, en el centro de salud, hasta la enfermera escolar, que educa poniendo freno a los malos hábitos que producen la enfermedad: una mala alimentación, falta de ejercicio, o el tabaco. Pero también en todas y cada una de las patologías del corazón, la cirugía, y la rehabilitación cardiáca.

Signos de alerta

Desde la Atención Primaria, las enfermeras hacen un seguimiento exhaustivo de los factores de riesgo cardiovascular. Entre ellos la tensión alta. La hipertensión arterial (HTA) es el factor de riesgo cardiovascular más frecuente y si no se controla adecuadamente puede repercutir en el normal funcionamiento de órganos como el corazón, el cerebro, el riñón, y la retina. La presión arterial alta aumenta el esfuerzo del corazón, acelera el proceso de endurecimiento de las arterias y aumenta el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio, un ictus, una insuficiencia cardiaca y una insuficiencia renal.

La presión arterial normal está por debajo de 120/80 mmHg. La presión de 120-139/80-89 mm Hg se considera “normal alta”. Si se es diabético o se tiene insuficiencia renal, cifras inferiores a 130/85 mm Hg. Se considera hipertensión arterial cuando  las cifras son > 140/90 mm Hg tras al menos 2 mediciones de presión arterial en cada visita realizada y al menos  en 2-3 visitas diferentes.

Las medidas no farmacológicas reducen la presión arterial y facilitan el control de los otros factores de riesgo y no deben abandonarse aunque lleve  tratamiento con fármacos antihipertensivos. Entre ellas: restricción del consumo de sal; control del peso; actividad física regular; abandona el tabaco, etc.

Las enfermeras también trabajan en en todas las patologías cuando se producen. Desde la vigilancia y desarrollo de la adherencia al tratamiento tras el infarto, a las complejas cirugías vinculadas a las operaciones de corazón.

Prevenir el riesgo

Bastan unos datos básicos (edad, peso, sexo) y una información concisa sobre tus hábitos de vida (tabaquismo, colesterol, diabetes, tensión alta, antecedentes de enfermedad cardiovascular) para descubrir si la probabilidad de que padezcas una dolencia de corazón es baja, media o alta. No esperes más tiempo para conocer tu estado de salud y, si lo necesitas, poner en marcha un plan para mejorarlo cuanto antes. Tu enfermera de atención primaria realiza un seguimiento de estos posibles riesgos y calcula tu riesgo cardiovascular.

El riesgo total de padecer enfermedades cardiovasculares dependerá de multitud de factores: Sexo, edad y raza; antecedentes familiares; presencia de enfermedad coronaria previa;la presencia combinada de hipertensión, dislipemia, obesidad y/o diabetes en un mismo individuo, entre otros. El riesgo también es mayor en hombres de edad avanzada con varios factores de riesgo que en mujeres más jóvenes con pocos factores de riesgo, y en personas con varios factores de riesgo levemente elevados frente a quienes tienen un solo factor de riesgo alto.

Alimentarse bien

En el campo de la alimentación es necesario reducir el consumo de bebidas y zumos azucarados; en su lugar elige agua y bebidas sin azúcar; cambiar los dulces y las golosinas por frutas frescas; comer 5 porciones de fruta y vegetales al día, pueden ser frescos, congelados, enlatados o deshidratados; mantener el consumo de alcohol dentro de los límites recomendados por los expertos e intentar limitar el consumo de alimentos procesados y envasados por sus altos contenidos en sal, azúcar y grasa.

Aumentar la  actividad física

La falta de ejercicio físico y el  hábito sedentario se relaciona con un incremento de la mortalidad y complicaciones cardiovasculares. Hábitos diarios como andar, ir en bici al trabajo y subir escaleras durante el trabajo o a la hora de subir a casa (no utilizar ascensor) deben formar parte de la rutina diaria. Por ello es necesario:

  • Realizar al menos 30 minutos de actividad física moderada o intensa 5 veces a la semana.
  • O bien 75 minutos de actividad física vigorosa repartida a lo largo de la semana.
  • Jugar, caminar, realizar tareas domésticas, etc
  • Aumentar la actividad física a través de rutinas incorporadas al día a día: sube las escaleras, ve al trabajo a pie o en bicicleta en lugar de utilizar el coche.
  • Mantenerse activo en casa.
  • Utilizar una aplicación o un podómetro para controlar los progresos.

No al tabaco

Decir no al tabaco es una de las decisiones más importantes para mejorar la salud de tu corazón. A los dos años de dejar de fumar, el riesgo de enfermedad coronaria se reduce sustancialmente y a los 15 años el riesgo de ECV es similar al de una persona no fumadora. La exposición al «humo de segunda mano» es también una causa de enfermedad cardiaca en no fumadores. Al dejar de fumar (o no empezar a fumar) mejora tu salud y la de aquellos que te rodean. Si tienes problemas para dejar de fumar, es necesario solicitar ayuda a un profesional sanitario. De hecho, algunas centros de salud ofrecen programas para abandonar el tabaco.

La ciencia nos indica que si hacemos pequeños cambios en nuestra vida, podemos tener una vida más larga, saludable y plena. Cuida tu corazón, cuida tu vida.

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