Enfermería oncológica: la nueva estrategia mundial contra el cáncer se centra en los cuidados

Enfermería oncológica: la nueva estrategia mundial contra el cáncer se centra en los cuidados

La enfermera está con el paciente oncológico en todo el proceso de la enfermedad, sea cual sea el desenlace. Por eso no resulta descabellado el hecho de que la nueva estrategia mundial contra el cáncer se centre en los cuidados. "Hablar de cáncer es hablar de cuidar" es decir, de enfermería.

«Hablar de cáncer es hablar de cuidar, siempre». Son palabras de Cristina Rodríguez, enfermera oncológica y defensora convencida de la necesidad de apostar por los cuidados oncológicos. «Incluso cuando no hay solución y la enfermedad nos lleva hacia el final», siempre están las enfermeras. Por eso no resulta descabellado el hecho de que la nueva estrategia mundial contra el cáncer se centre en los cuidados.

El cáncer es una realidad que viven millones de personas en el mundo. Solo en España se estima que en 2022 se diagnosticarán 280.101 casos de cáncer, un 1,37% más que en 2021. 

«Es un campo apasionante, el paciente cada vez es más protagonista de su enfermedad»

Después del diagnóstico empiezan los tratamientos, la asimilación de la enfermedad, los cuidados y el acompañamiento al paciente. 

Ahí entra en juego ella. La enfermería es un importante recurso porque orienta al paciente. «Desde cómo moverse dentro del hospital», comenta Cristina, «estamos con ellos 24 horas, acabamos siendo como una familia». 

Hablo con ella con motivo del Día Mundial contra el Cáncer, pero lo bonito de la charla es que su discurso es el mismo hoy y siempre. 

Un diagnóstico que te cambia la vida

Si hablamos de diagnósticos, el cáncer de mama sigue en primera posición. Le siguen el de pulmón, colon y recto, próstata y estómago; todos ellos con más de un millón de casos a nivel mundial durante el pasado 2020.

La buena noticia es que cáncer no es una sentencia de muerte. Ahora «hay muchas alternativas. Se vive con la enfermedad y se vive plenamente», reconoce esta enfermera. Pero el diagnóstico sigue cayendo como un mazazo. 

«Lo que tiene que entender la población es que tú tenías una vida hasta ayer y de repente tu vida cambia, te la cortan y pasas al sistema sanitario. Un mundo que desconoces, con un diagnóstico incierto».  Por eso su labor es tan importante, no solo por la administración del tratamiento. Acompañar, escuchar y entender qué necesita el paciente en cada momento son elementos fundamentales en el día a día de la enfermera oncológica.  

La nueva estrategia mundial contra el cáncer se centra en los cuidados

Quién eres y dónde vives importa. No debería pero importa. Si además metemos en la ecuación la salud, todos sabemos a qué parte del mundo querríamos pertenecer. Lo mismo pasa con el cáncer. Las barreras socioeconómicas, estigmatización y discriminación impiden a muchas personas en todo el mundo acceder a servicios de prevención, diagnóstico, tratamiento y atención que pueden salvar vidas.

«Hablar de cáncer es hablar de cuidar, siempre»

#PorUnosCuidadosMásJustos es un lema que vamos (o al menos deberíamos) a escuchar durante los próximos años. Es también el eje central de la campaña que ha lanzado la Unión Internacional para el Control del Cáncer para conseguir unos cuidados equitativos para toda la población y en cualquier parte del mundo

Lo mejor y lo peor de una profesión apasionante

Cuando terminó la carrera de enfermería Cristina solo puso una condición: prefería no trabajar en oncología (una mala experiencia en las prácticas tenía la culpa de ello). Casi 30 años más tarde es supervisora de Oncología en el Ramón y Cajal de Madrid y no lo cambiaría por nada del mundo. «Es un campo apasionante, el paciente cada vez es más protagonista de su enfermedad». Pero no pierde el foco, sabe que ella, con su trabajo, «es un vehículo para ayudar a mucha gente»

Muchas veces «estar callado y simplemente rozar un brazo» es lo que necesitan el paciente y su familia

En el caso de Cristina, la peor y la mejor parte de su profesión son las dos vertientes de un mismo momento: la muerte de un paciente. Cuando un paciente fallece, explica, «nos tenemos que asegurar de que se ha hecho todo; no solo terapéuticamente si no de acompañamiento». Por eso, para ella, el peor momento para una enfermera oncológica es ver a un paciente «que se está muriendo, que sufre» y al que no se puede aliviar el sufrimiento. Porque la enfermera está en todo el proceso. «Siempre», puntualiza Cristina tan rotunda como serena a la vez, «incluso cuando la enfermedad nos lleva hasta el final». 

La mejor parte de su trabajo nace también del duelo. Las familias son increíblemente agradecidas a pesar del momento que atraviesan. Muchas, comenta la enfermera, les llaman para agradecerles todo lo que han hecho por su ser querido. Les dicen que están en pleno duelo y no pueden enfrentarse a volver al hospital pero que quieren verlas para darles las gracias en persona. «Y después de un tiempo vienen, ¡eh! Lo hacen». -La entrevista es telefónica y no la veo, pero sé que está sonriendo- . 

¿Cómo ha evolucionado la profesión en el ámbito oncológico?

¿Ha evolucionado la enfermería oncológica a lo largo de tus años de profesión? -le pregunto- . Ella responde al instante: «muchísimo». Cuando te dedicas a la oncología, añade, «estás constantemente estudiando»

Además de estar al día de los nuevos tratamientos e investigaciones, los profesionales de enfermería están en constante formación en otros campos para los que son tan importantes, como la empatía, la comunicación de crisis y el duelo. Con la formación y los años de experiencia las enfermeras saben que muchas veces «estar callado y simplemente rozar un brazo» es lo que necesitan el paciente y su familia. 

Cuidados oncológicos en pandemia

«El paciente oncológico siempre estuvo en zona limpia. Teníamos cerrada la planta.» Además, en muchos hospitales españoles empezaron a tomar medidas antes del estado de alarma: «viendo la que se avecinaba cortamos visitas», recuerda la enfermera. Pero no niega lo evidente: «esa época fue muy dura». Habla de marzo, abril y mayo de 2020. Pero rápidamente le da la vuelta a la tortilla y alaba lo bien que les vinieron las nuevas tecnologías para poner en contacto a sus pacientes con las familias. 

Un acompañante para pacientes con dependencia o extrema gravedad

Jamás se deja solo a ningún paciente. Esta es su máxima. Durante la primera ola, todo fue más complicado pero los pacientes «no se sintieron solos porque estábamos nosotras».  Las tablets, teléfonos y videollamadas hicieron el resto. «La tecnología facilitó mucho». Ellas también. 

Ahora, después de casi dos años de aprendizaje, los pacientes con dependencia o extrema gravedad puede estar acompañados de un familiar. Pero las medidas son estrictas, higiene rigurosa y aislamiento social casi extremo. De hecho, durante el ingreso, el acompañante suele ir del hospital a casa y de casa al hospital. «Ellos son los primeros que no quieren poner a nadie en riesgo», remata. 

El Covid ha retrasado miles de diagnósticos de cáncer

A día de hoy es absurdo negar el impacto del Covid sobre el diagnóstico de pacientes oncológicos. Lo importante ahora es intentar proponer soluciones que, al menos, mitiguen los efectos. 

Solo en 2020 se dejaron de diagnosticar entre el 10 y el 20% de casos de cáncer en nuestro país. Desde la Unión Internacional para el Control del Cáncer puntualizan además que la pandemia ha aumentado las desigualdades sanitarias. 

La parte buena es que la recuperación ya ha comenzado. El cribado de cáncer de mama y colon están actualmente activos -lo cual no resta gravedad al hecho de que hubo meses en 2020 en que estuvo completamente parado- y la reactivación de los programas de prevención es buen síntoma. Desde SEOM hacen un llamamiento en este sentido: «Que nadie deje de ir por miedo, es muy importante el diagnóstico precoz».

El covid ha pasado factura a toda la profesión

Cuando le pregunto si la pandemia les ha pasado factura la respuesta es instantánea: «Sí, estamos muy cansadas. No solo por el desgaste hospitalario, también por el social. Hemos tenido que ver muchas cosas, desde gente que negaba una realidad mientras nosotras estábamos aquí». Al principio, añade, «se nos apoyó y nos dio mucha fuerza» pero ahora perciben que todo ese apoyo se ha diluido. 

Habla de las citas a las 20:00 en la ventana de casa, de los aplausos a sanitarios, pero también del sistema en general.

Los mismos pacientes rompen el estigma

Desde hace unos años son los propios pacientes los que están rompiendo esa histórica barrera mental y verbal que supone el cáncer. 

Historias como la de Pablo Ráez han conmovido al país entero. Y gracias a las redes sociales miles de personas narran en primera persona el día a día de lo que supone esta enfermedad. Le ponen cara, la hacen real. 

La sinceridad de algunos personajes públicos ayuda, y mucho, a romper el estigma. Desde Olivia Newton John a Lance Armstrong, pasando por muchos nacionales, como Pau Donés, Luz Casal o Dani Rovira y más recientemente periodistas como Julia Otero o Ana Rosa Quintana, que también han querido decir públicamente que tienen cáncer. 

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